• Vie. Mar 13th, 2026

El calor extremo y la acumulación de combustible vegetal explican los grandes incendios del verano de 2025

Ene 13, 2026 #universidad de oviedo

Este trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Murcia y en el que participan investigadores del CSIC y de la Universidad de Oviedo, señala la urgencia de la acción climática y la gestión del territorio

Un nuevo estudio científico atribuye el elevado número y la virulencia de los incendios forestales registrados en el verano de 2025 en el noroeste de la península ibérica a la combinación de temperaturas extremas y una vegetación altamente inflamable. Este cóctel convirtió a una región que apenas representa el 2% del territorio de la Unión Europea en el epicentro del fuego en el continente.

Solo en el mes de agosto ardieron en el noroeste peninsular alrededor de 540.000 hectáreas, más de la mitad de toda la superficie quemada en Europa entre enero y agosto de ese año. Los datos confirman que se trató de un episodio sin precedentes, tanto por extensión como por intensidad.

La investigación, desarrollada por un equipo multidisciplinar de científicos de varias universidades y centros de investigación españoles, ha analizado de forma conjunta las condiciones atmosféricas y el tipo de cubierta vegetal afectada. Sus conclusiones, publicadas en la revista Global Change Biology, apuntan a que los incendios no fueron episodios aislados, sino la consecuencia directa de una ola de calor persistente que se prolongó durante más de dos semanas en el suroeste de Europa.

Durante ese periodo se alcanzaron valores extremos del índice meteorológico de riesgo de incendios, los más altos registrados en el noroeste peninsular desde que existen datos comparables, lo que generó un escenario especialmente favorable para la rápida propagación del fuego.

No obstante, el estudio subraya que la meteorología por sí sola no explica la magnitud del desastre. La investigación destaca el papel determinante de la vegetación, especialmente de matorrales y pinares, que ardieron de forma desproporcionada respecto a su superficie total. En contraste, los bosques autóctonos de frondosas, como los robledales, mostraron una mayor resistencia al fuego.

Asimismo, el análisis desmonta una de las ideas más repetidas durante el verano pasado: no se han encontrado evidencias de que las áreas protegidas hayan sufrido más incendios que las zonas no protegidas.

Los autores coinciden en que estos episodios extremos ponen de relieve la necesidad de un cambio de enfoque en la gestión del riesgo. Frente a una estrategia centrada casi exclusivamente en la extinción, reclaman políticas preventivas integrales que incluyan la adaptación al cambio climático, la ordenación del territorio y la reducción de la vulnerabilidad del paisaje.

Según los investigadores, solo una acción coordinada en estos ámbitos permitirá evitar que veranos como el de 2025 dejen de ser excepcionales y se conviertan en una constante.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Aviso sobre Cookies en WordPress por Real Cookie Banner