El consumo diario de cigarrillos entre la población adolescente de 14 a 18 años ha alcanzado en Asturias su nivel más bajo de la serie histórica, con solo un 5,6% de jóvenes que reconoce fumar a diario, según la encuesta Estudes 2025.
Descenso sostenido del tabaco tradicional
La evolución confirma una tendencia a la baja iniciada en los últimos años:
- 📉 2019: 9,2%
- 📉 2023: 7,7%
- 📉 2025: 5,6%
Esto supone una reducción de más de tres puntos en cuatro años.
En la población adulta (15 a 64 años), el consumo diario también desciende, situándose en el 28% en 2024, ligeramente por encima de la media nacional (26%), pero con una curva descendente sostenida en todas las edades.
El vapeo gana terreno entre los jóvenes
Pese a estos avances, los datos reflejan un cambio en los hábitos de consumo:
- 💨 41,6% de los estudiantes ha vapeado alguna vez
- 💨 20,3% lo ha hecho en el último mes
La prevalencia del vapeo ya supera claramente al consumo de tabaco convencional entre adolescentes.
Los expertos advierten de que no se trata solo de un cambio de formato, sino de una nueva puerta de entrada a la nicotina, con edades de inicio cada vez más tempranas:
- 🧒 Inicio experimental: en torno a los 13 años
- 🧑⚕️ Consumo habitual: a partir de los 14,5 años
Riesgo de dependencia precoz
Desde la Consejería de Salud alertan de que estos dispositivos, percibidos como menos dañinos, incrementan el riesgo de adicción y pueden facilitar el paso a otros consumos en la edad adulta.
La prevención, clave en la estrategia sanitaria
Ante este escenario, el Principado ha impulsado la XI Jornada de Tabaquismo, centrada en la prevención desde el ámbito comunitario.
La consejera de Salud, Concepción Saavedra, subrayó durante la inauguración que “las nuevas formas de consumo no son inocuas” y advirtió de su papel en la normalización de la nicotina desde edades tempranas.
El encuentro analiza el papel de:
- 🏫 La comunidad educativa
- 🏥 La atención primaria
- 💊 La farmacia comunitaria
- 🤝 Los recursos sociales
Un cambio de escenario
Los datos evidencian que las políticas antitabaco han sido eficaces, pero también que el consumo de nicotina evoluciona hacia nuevos formatos, lo que obliga a adaptar las estrategias de prevención y regulación.

